Reflexiones sobre el D20 (2).

Richard Tedesco 15 de junio de 2016 Por
Nota de opinión de Richard Tedesco, ciudadano uruguayo del Departamento 20 radicado en Oslo. Coordinador del espacio de participación FOCUS Europa.

En las reflexiones que publicamos hace un tiempo ya, hacíamos referencia al sentido de comunidad y a la relación del D20 con las instituciones.

Es ineludible considerar a las instituciones estatales como un aliado estratégico de la sociedad civil en el exterior; se podría decir también que son un aliado circunstancial si el sentido de comunidad D20 no estuviera aun atravesado por una auto-percepción de dependencia, como describíamos en la nota anterior.

Hoy intentaré reflexionar sobre un concepto que en la actualidad está en la consideración de muchos; me refiero precisamente a lo común.

Me atrevo a decir, que en muchos casos, este concepto se repite por ahí como un axioma; no se, quizás como una forma de sentirse incluido en los nuevos paradigmas, de modo que solo se naturaliza entre nosotros como una expresión (común), pero con distintos sentidos.

Desde hace un tiempo a esta aparte, la comunicación en la comunidad del D20, pasó de ser vía whattsapp y mails, a tener dos espacios en FB: uno, el primero en formarse, donde se encuentran el D20 y trabajadores del área de Consulares y vinculación del MRREE; otro, formado posteriormente a instancias de algunos: un espacio solo para los actores de la comunidad. Este último es hoy en día el más utilizado, a no ser que haya información que corresponda dar a conocer al Estado. Y han aparecido y se han consolidado, varios grupos de FB, portales de información, etc.
Aprovecho ahora, algunos de esos espacios para poder desplegar y reflexionar acerca de lo común, ya que el intento que realicé en el Encuentro Mundial en Montevideo, en Diciembre, donde, si bien inmediatamente que comencé a expresarme tuve miradas cómplices, de esas que inspiran, que animan a pensar juntos y alientan a creer que las ideas necesitan y se deben componer con otras, justo en ese instante me vi interrumpido por un impredecible berrinche que provenía de la discusión de no me acuerdo que tema. En ese momento alguien pidió a los gritos, que se me retirara el micrófono. Y lamentablemente hubo que atender el pedido antes que la persona se descompensara por completo. Lo mismo, pero más trágico aun, sucedió al momento de la redacción de la resolución de ese mismo encuentro.

Para empezar a describir mi percepción sobre lo común, debo decir que este concepto no refiere únicamente a la realidad concreta, sino también a lo inmaterial: como las ideas, las imágenes y los códigos. Todo eso se puede producir en armonía. Y en la medida en que se va produciendo, se va reproduciendo. Todo esto forma parte de una relación de cuidado mutuo; jamás de competencia.

Lo común, que no pertenece ni a lo público ni a lo privado, se va componiendo en una suerte de gestión alternativa, autogestiva, democrática y comunitaria. Un proceso múltiple en construcción. Un movimiento de transformación institucional y afectivo, que debe superar las relaciones que hasta el momento se han desarrollado.

Comprendemos que algunos compatriotas proponen espacios de comunicación más fluidos y rápidos, mientras otros prefieren otros ritmos de comunicación en procesos mas pausados. Yo considero que no está en la velocidad de la comunicación (aunque sostengo que hay que incluir las nuevas tecnologías en su posibilidades mas amplias) nuestra forma mover y hacer crecer esta comunidad, sino en el carácter de autonomía y transversalidad de la comunicación y de la información. Estas cosas son lo que determinan y administran una propia temporalidad, que nos permitirá darle un salto de calidad a nuestro accionar; con más firmeza.
Es necesario que la comunidad del D20 cree una ontología plural, que comprenda la multiplicidad de la propia comunidad, creciendo de forma singular y amplia a la vez,  incidiendo en las instituciones desde abajo, de forma efectiva. Un impulso que nos permita poner en marcha esa máquina plural, desprendiéndola de viejos fundamentos.

Hasta el 2013 nos sentíamos cómodos con la máquina D20 predeterminada por Ley. Pero fuimos 11 consejos a ese encuentro, al tiempo que asistíamos a la muerte anunciada de unos cuantos consejos más.

Hoy, el D20, es algo infinitamente más grande de lo que se manifestó en Diciembre pasado en el Cabildo con las 29 asociaciones y los 22 consejos que asistieron. Y claro está que somos mucho más que esa expresión, claro. Somos infinitamente más aun en la expresión de la multiplicidad de asociaciones que trabajan alrededor del mundo en silencio, construyendo ciudadanía, sin hacer mucho ruido; incluyendo y generando espacios de participación que refieren a un sentir ciudadano uruguayo en el exterior.

Si hiciéramos un encuentro para este diciembre 2016, arriesgo a decir que seríamos muchas más organizaciones que participaríamos. Y seguro que los consejos, en este tiempo que transcurrió, se habrán fortalecido y multiplicado.

Por lo tanto, ponerle limitaciones a nuestro propio movimiento instituyente, es absurdo, y desconocerlo ya es imposible. Y no lo digo por el Estado (la Dir. De Vinculación) que vio con muy buenos ojos tantas organizaciones presentes en Diciembre, sino por nosotros mismos que debemos ser conscientes de lo que puede afectar y producir una comunidad cuando logra buenos niveles de acuerdos.

Para puntualizar algunas cosas densas que nos preocupan, digo que percibimos, en algunos casos, que hay baja tolerancia  a aceptar distintas estrategias que abren a diferentes formas de entender el D20, a desarrollar distintas perspectivas. Pareciera que no atenerse a la consideración única de lo que es el D20, lo que todo lo hace pasar por por el mismo lente, genera desconfianza. Y esto influye negativamente en la comunidad, ya que se crea un ruido en el entremedio, totalmente innecesario. Barullo que corre a tal velocidad que hasta llega a cobrar un sentido de certeza asombroso, por más distorsión que le asista al corrillo.

Desde la red FOCUS Europa hemos utilizado los últimos seis meses en andar aclarando a distintas organizaciones que se muestran curiosos de nuestro trabajo, que no estamos para ”armar cuadro aparte”. Increíblemente es lo que han escuchado por ahí.

Nos han llamado para consultarnos sobre este asunto, tanto a Oslo como a otras ciudades FOCUS, desde varios lugares del mundo . Es lo que tiene el corrillo: genera desgaste y a la vez curiosidad; la cuestión es como transformarlo en algo constructivo.

La gran duda que se manifestó en todos los casos, por parte de dos o tres organizaciones que vienen trabajando desde hace muchos años en la diáspora, es si con los FOCUS estamos formando una organización paralela. Cuando nos nombran esto, realmente nos da muchísima gracia, y pena a la vez, y nuestra inmanente curiosidad se expresa al instante: ”paralela a qué?!”. Y es recién ahí que se bajan las ansiedades. La respuesta-pregunta que brindamos, devuelve sentido en espejo.

Los roles que los diferentes actores que por propia iniciativa, delegados o por mandato se asumen, en algunos casos parecen desconocer que dependemos mutuamente del accionar de todos. Si no es así, se distorsiona la transversalidad, tanto de la información, como de las actividades; se distorsiona la vinculación, que en si misma es la base de la construcción de lo común, de aquello que podemos construir juntos.

Por este motivo es que los FOCUS  presentamos un plan de trabajo y propuestas al Dialogo Social y a toda la comunidad, donde proponemos ordenar en nodos esta comunidad-red.

Lo que esto generó fue, lógicamente, aceptación, y el genuino interés de consejos y asociaciones, en su gran mayoría. También hemos tenido un muy buen diálogo, profundo y fluido, de proyección, con distintas instancias a les que le genera empatía y visión de un proyecto común, nuestro trabajo y nuestros modos operativos. No obstante, aun percibimos pequeñas muestras de escepticismo, en estructuras que vienen funcionando desde hace mucho tiempo en la diáspora.

El bien común nos atraviesa a todos, esa es su cualidad, Nos atraviesa a las singularidades, a la comunidad, a las instituciones. Por lo tanto, debemos hacer acuerdos y encontrarnos en puntos comunes. Y en este sentido, considero que tenemos carencias en instancias del Estado que están desencontradas. La dirección de Asuntos Consulares y Vinculación y algunas de sus embajadas, en algunos casos parecen ser instancias no complementarias, al menos en lo que a la interacción con el D20 se refiere.

No me voy a poner aquí a analizar ese desencuentro; puedo con mucho gusto desarrollarlo en otra oportunidad. Es simplemente cuestión de estar atentos a los movimientos políticos, para entender lo que estoy diciendo. Y también atentos a lo que sucede en muchas ciudades por el mundo, donde muchas embajadas y consulados, o no tienen en absoluto una relación de cooperación con la ciudadanía en el exterior, o interactúan solo con algunos agentes de la comunidad, generando fragmentaciones o reforzando las existentes, que es aun peor.

Esos desencuentros, que en muchos casos responden a diferencias políticas, ideológicas y hasta de clase, no favorecen a Lo Común que es lo que debería estar en el centro de un renovado proyecto ciudadano contemporáneo.

El D20 debe asumir la perdida de si, para volverse a encontrar.

Richard Tedesco.

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