Hallar la sustancia que garantiza lo colectivo, es parte del desafío.

Carlos Hebert Maciel 21 de junio de 2016 Por
Si hay un fenómeno que gobierna y corrompe las aspiraciones de superación colectiva, es la intolerancia.
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Existe una consideración en el universo de la filosofía acerca de que el “conjunto de las notas que permiten definir un concepto, por oposición o por extensión”, conlleva a un comportamiento comprensivo.

Esta idea, que tiene entre sus “antepasados” lingüísticos, la aprehensión de las cosas, el tomar, el hacerse de algo, pero sin establecer un juicio sobre éste, ni afirmación o negación; da cuenta de una postura comprensiva fundada en la tolerancia.

Se podría postular que los individuos que ejerzan la acción de comprender, cuentan con facultad, capacidad o perspicacia para entender las cosas, asumiendo una postura comprensiva y tolerante.
Suponiendo que la tolerancia ya es un bien escaso, la falta de esta, nos esta arrojando a un relacionamiento descontrolado que subvierte algunos parámetros establecidos que “garantizaron” cierta convivencia social; proponiendo, en principio, la simple ruptura de consensos pero sin proponer nuevos paradigmas que garanticen, aún, la convivencia armoniosa.
Contradictoriamente, esta ruptura visibiliza una diversidad de comportamientos individuales que no se suponían predominantes, como una especie de big bang de las estructuras mentales, pero sin un elemento de cohesión como podría haber sido el de la tolerancia.
Esto me sugiere un principio de respuesta, la falta de comprensión hacia el otro. La falta de comprensión, ya sea por negación del otro o por gigantismo del yo o lo que fuere, alienta la intolerancia como fenómeno destacado de los tiempos que corren.
Pareciera ser que la escases de comportamientos comprensivos, nos arroja a la ausencia de tolerancia.

Carlos Hebert Maciel

Coordinador/editor de www.uruguayintegrado.com.ar

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