Quesos, apps y videojuegos: ¿nuevo negocio global para Uruguay?

Internacional 26 de julio de 2017 Por
Conocido mundialmente por su carne vacuna, el país sudamericano busca integrarse a las cadenas globales de valor con otros productos “Made in Uruguay”.
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No pasó tanto tiempo desde que Uruguay soñara con que sus productos cárnicos se posicionaran globalmente entre los de mayor calidad.

Hoy es el sexto exportador mundial de carne y obtiene por sus productos precios en el quintil superior de la distribución. El sistema de trazabilidad bovina -ese chip que cada vaca tiene en su oreja, que almacena información y registra cada evento de su vida- se transformó en una garantía de calidad en los mercados más exigentes del mundo, que quieren conocer el origen del producto, y tener certeza de lo que consumen.

Uruguay quiere trasladar esta experiencia a otros productos que ya son populares en el país, aunque no tan conocidos en los mercados internacionales. Quesos artesanales, aplicaciones tecnológicas, videojuegos, y animaciones hechas en Uruguay,podrían convertirse en productos solicitados por los consumidores del planeta.

Para una economía pequeña como la de Uruguay, rodeada de gigantes como Brasil y Argentina, la integración en el mercado mundial es uno de los vehículos más poderosos para su crecimiento y desarrollo. Y la clave para lograrlo son las cadenas globales (o regionales) de valor.

Una cadena de valor se convierte en global cuando un proceso productivo, desde su comienzo (a través del diseño e investigación y desarrollo), hasta su último eslabón (en ventas y servicio al cliente), es fragmentado internacionalmente, y diferentes empresas (o distintas subsidiarias de una misma empresa) ubicadas en países diferentes contribuyen al proceso.

El informe del Banco Mundial, Uruguay: Integración en Cadenas Globales de Valor analiza dos cadenas de valor – lechería y tecnologías de la información y comunicaciones (TIC)- y analiza cómo un sector tradicional, cautivo de una exportación de bajo valor agregado, y un sector de servicios de exportación nuevo, son capaces de superar los desafíos que supone la lejanía geográfica y la escala de Uruguay en pos de la modernización económica y de una mejor integración internacional.

El estudio identifica oportunidades de modernización e inserción, específicamente relacionadas con estos sectores, y enfatiza, además, la importancia de políticas públicas para potenciar los beneficios. Los autores opinan que esta apuesta constituye una oportunidad para las empresas uruguayas, tanto para crecer como para aprender.

“El hecho de que los procesos productivos se fragmenten, permite que un país pequeño como Uruguay logre especializarse y ser competitivo en algunas de las partes de la cadena, sin tener que desarrollar las capacidades para el proceso en su conjunto, ganando productividad, y generando empleo de calidad”, explica Alberto Criscuolo, uno de los autores del estudio.

Nuevos mercados para explorar

La industria láctea uruguaya genera casi el 9 % de las exportaciones de bienes de Uruguay y el 70 % de sus flujos de producción son destinados a los mercados internacionales, principalmente Venezuela, Brasil, China y Argentina.

Si bien el país sudamericano exhibe un buen desempeño en la mayoría de las actividades de su cadena de valor a nivel local, nacional y regional, éste no se extiende mucho más allá de sus fronteras. Y revela que Uruguay tiene mucho potencial para avanzar en este sector, en particular en el segmento de productos no perecederos, como la leche entera en polvo, queso cheddar, lactosa, mantequilla en polvo y caseína al cuajo. Otro segmento de la industria láctea con buenas perspectivas de modernización es el de los productos llamados perecederos locales “Premium”, como los quesos artesanales, por los cuales los consumidores están dispuestos a pagar precios más elevados.

En cuanto a las tecnologías informáticas, el informe señala que la entrada relativamente temprana de Uruguay en esta área ha contribuido a la supervivencia de las empresas de este sector que han sido capaces de resistir la competencia internacional y hoy son algunas de las empresas más grandes y exitosas de Uruguay.

A fines de la década de 1990, las exportaciones en este rubro superaron los 90 millones de dólares, convirtiendo a Uruguay en el principal exportador de productos y servicios de TIC en América Latina. No obstante, en este sector “aún hay espacio para crecer”, aseguran los autores. Una condición necesaria para el crecimiento es que las instituciones superiores continúen formando ingenieros de sistemas de calidad.

¿Cómo hacerlo?

Los beneficios de la participación en las cadenas globales de valor no son inmediatos ni automáticos, enfatiza el informe, que recomienda la implementación de algunas políticas “horizontales”, es decir, que beneficien a cualquier sector o rubro que quiera competir en las grandes ligas. 

El desafío para las empresas uruguayas es doble: insertarse en las cadenas y evitar quedar atrapados en segmentos de bajo valor agregado, a la vez de “escalar” hacia tareas más sofisticadas y, por ende, mejor remuneradas.

Para insertarse en las cadenas globales de valor, el informe sugiere que Uruguay debe continuar reduciendo los costos de comerciar, que aún resultan relativamente altos. Esto implica, entre otras acciones, mejorar la conectividad con una infraestructura de carreteras, ferroviaria y portuaria de calidad, así como tener una logística de clase mundial.

También incluye lograr mayor acceso a mercados a través de una estrategia de regionalismo abierto. La evidencia indica que, muchas veces, las puertas a las cadenas globales de valor radican entre los mismos vecinos.

Asimismo, en un contexto de creciente automatización de procesos, en los que los empleos asociados con tareas rutinarias y no cognitivas tienden a desaparecer, el estudio recomienda moverse hacia tareas de mayor valor agregado, lo cual requiere del fortalecimiento de habilidades y competencias.

“En última instancia, el determinante principal para entrar en cadenas globales de valor, y para escalar hacia segmentos de alta calidad, es ser eficiente. Para ello, se necesitan dos cosas. Primero, continuar fomentando la innovación, y apoyando a las empresas en el proceso de internacionalización. Y segundo, propendiendo a una asignación de recursos eficiente en la economía: un canal fundamental para el crecimiento de la productividad. Esto es, asegurando las condiciones para que las firmas más productivas crezcan”, resume Criscuolo.

Valeria Bolla es oficial de comunicaciones del Banco Mundial

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