A medio siglo del asesinato del "Che"

Nota de opinión 08 de octubre de 2017 Por
Pasado mañana lunes 9 de Octubre, se cumple medio siglo del asesinato de Ernesto “Che” GUEVARA en Bolivia. Su ejemplo y su legado siguen vigente en las luchas sociales que, hoy como ayer, denuncian la desigualdad que mantiene un sistema injusto.
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Fue Ernestito y Teté cuando fue pequeño, Tatú en el Congo, Ramón en Bolivia. Pero siempre el “CHE”, una misma y única identidad que lo hace reconocible bajo cualquier aspecto y nombre.    
La presencia de su rostro inmortalizada en la fenomenal fotografía captada por Alberto Díaz (Korda) en tatuajes y remeras, en banderas y paredes, en poemas y canciones, en pósters, fotos y libros, marcan una vigencia sin pausa, que acompaña a multitudes y por ciertos incomoda a muchos. 
¿Qué queda hoy del mensaje del Che para las actuales generaciones? Y quedan muchas cosas, sigue siendo fuente de inspiración para los luchadores sociales de todo el mundo. Queda su admirable coherencia, la imprescindible unidad de idea y acción, pensamiento y práctica que rigió toda su vida. Su idea guía de que este mundo es inviable y que sólo una revolución a escala continental podrá salvarlo de  un futuro de su autodestrucción. Fue un crítico implacable del capitalismo como sistema, y de los muchos y diversos proyectos que en nuestra América trataron de presentarlo con un rostro amable y progresista. Recordemos las reflexiones pronunciadas en el brillante discurso que pronunció el 8/8/61 en la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA, celebrada en P.del Este. Al exponer las falacias de la Alianza para el Progreso, el Che critico también la pretensión de los economistas que presentan sus planteamientos políticos como si fueran meras opciones técnicas. La economía y la política, decía, “siempre van juntas”.

Hoy los hechos han confirmados sus pronósticos, y estamos siendo testigos a este avasalladora contraofensiva tendiente a regresar a los países bananeros con “Golpes Blandos” en Honduras, Paraguay y Brasil, un ataque sistemáticos a los gobiernos progresistas, una articulación continental de la prensa para satanizar a dirigentes y procesos contestatarios, financiando a jueces, fiscales, periodistas, legisladores, académicos, políticos para formatear el “golpe blando” que reemplace a los golpes militares del pasado.

El Che proponía hablar de “burguesías autóctonas” en A. Latina, porque eso de “nacionales” les queda grande y no se ajusta a su insignificante capacidad de librar una lucha por la autodeterminación nacional.  El Che fue muy crítico de la política de “coexistencia pacífica”” propuesta por la Unión Soviética. En el trasfondo de esa actitud se encontraba la heroica lucha del pueblo de Vietnam que , según él, se debatía en una “trágica soledad” contra la mayor superpotencia de la historia. Y la sintetizaba diciendo: “La solidaridad del mundo progresista para con el pueblo de Vietnam semeja a la amarga ironía que significaba para los gladiadores del circo romano el estímulo de la plebe. No se trata de desear éxito al agredido, sino de correr su misma suerte, acompañarlo a la muerte o la victoria”.

No olvidemos su consejo y recordemos también cunado nos decía que “al imperialismo no se le puede creer ni un tantito así, ¡nada!”.
El Che demostró, al igual que los grandes clásicos del pensamiento marxista, que la teoría no es un edificio terminado sino una obra en construcción, en permanente revisión  y reconstrucción. Debemos reconocer la valentía de su actitud, porque en ese tiempo la URSS era la aliada estratégica de Cuba y lo ultimo que quería el Che era perjudicar con sus críticas las relaciones de cooperación entre ambos países, y tampoco quería arrimarle agua al molino del imperialismo con sus críticas  al modelo soviético.
Había caído el día anterior, y las heridas recibidas del Che no comprometían su vida, pero la orden de la CIA fue terminante :”Mátenlo y desaparézcanlo”. Su verdugo el soldado boliviano Mario Terán años más tarde recordaría, aquel mediodía del 9/10/67 en la escuelita de La Higuera. "Ese fue el peor momento de mi vida. En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente, sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma". "¡Póngase sereno -me dijo- y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre!". Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé"
El propósito del Imperio es que no hubiera un santuario donde descansaran sus restos y se convirtiera en un lugar de peregrinación para sus seguidores de todo el mundo. El plan fracaso por completo. A pesar de su ausencia física, su presencia se transformó cada día más gravitante y el guerrillero heroico se convirtió en un icono revolucionario mundial. Una bandera de todas las luchas en cualquier lugar del planeta, allí donde exista un explotado, un oprimido, una injusticia se levanta  la imagen del Che. 
Treinta años después de su asesinato, sus restos aparecieron en una fosa común en Vallegrande, desde donde fueron  enviados de regreso a Cuba y hoy descansan para siempre en Sta.Clara, la ciudad donde libró y ganó la decisiva batalla que abriría las puertas para el triunfo de la Revolución Cubana.
Hoy el Che tendría 89 años pero quedo joven para siempre con sus 39 años de vida, con esa foto de Korda, presente a toda hora en cualquier lugar del mundo, en donde haga falta.

Y recordar la lapidaria frase de Pablo Neruda:""Les cortaron las manos, pero aún golpean""

* Columna sabatina en FM 88.7 "La Tribu" Cap. Federal (ARG) sábados de 9/12 hs.

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