Adela Pellegrino: “Vamos a ser otra vez un país de migrantes”

Uruguay 04 de enero de 2018
Adela Pellegrino es doctora en demografía histórica y fue una integrante clave en el conjunto de académicos que desarrollaron el estudio y la formación demográfica en Uruguay. Para ella el país está lejos de vivir un boom histórico de inmigración. Sin embargo, la doctora pronostica una llegada creciente de inmigrantes latinoamericanos durante las próximas décadas para los que Uruguay deberá eliminar todo resquicio de su xenofobia heredada, ya que estos suponen un valioso aporte para el país.
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Según una investigación llevada adelante en el año 2010 por Adela Pellegrino junto a Wanda Cabella, las últimas décadas han estado marcadas a nivel demográfico por el aumento de la esperanza de vida y la reducción de la cantidad de personas menores de 30 años. En los años 90 la tasa de crecimiento de los menores de 15 años fue negativa (-3,2 por ciento), mientras que la población de entre 15 y 39 años se redujo de 7,3 por ciento a 4,1 por ciento. Estos datos se combinan con la tendencia creciente de la inmigración. Durante la última década, Uruguay ha entregado más de 34.000 residencias a extranjeros.

Según las últimas investigaciones llevadas a cabo por el compañero de Pellegrino, Martin Koolhaas, la población extranjera tiene marcadas desventajas en el acceso al empleo respecto a la población nacional. Asimismo aquellos extranjeros ocupados en Uruguay presentan mayor riesgo de sobrecalificación y de informalidad que los trabajadores autóctonos. Por otro lado, dentro de la población extranjera, las mujeres tienen menos oportunidades de insertarse en el mercado de trabajo; sin embargo, la investigación no halló un efecto negativo provocado por la doble condición mujer-inmigrante en los indicadores de calidad del empleo.

 

¿Cuales son las líneas generales del impacto de las corrientes migratorias actuales en la sociedad uruguaya?

En primer lugar, la migración este año ha aumentado mucho, pero todavía no supone un impacto tan fuerte como para equipararlo con el contexto vivido en Uruguay a principios del siglo XX. Actualmente existe una corriente razonable en número, pero que aún no tiene un impacto tan pronunciado. Lo único que ya se nota, sobre todo en Montevideo, es que la presencia de inmigrantes es creciente. Los principales orígenes de los inmigrantes son Venezuela, Cuba, Santo Domingo (República Dominicana) y Colombia. Los venezolanos integran la corriente migratoria más grande y en este momento está creciendo mucho.

Creo que a pesar de los lugares comunes respecto a Uruguay, concebido como país de inmigrantes, mucha gente que hoy se sorprende con las corrientes de recién llegados evidencia haberse olvidado de que éramos un país de migración. Sin embargo, me parece que hasta ahora hay un efecto bastante positivo porque los inmigrantes procedentes de Latinoamérica tienen un nivel educativo alto en general. Por lo menos, tienen un promedio de años de estudio superior al de la población residente en Uruguay. Esta tendencia se visibiliza especialmente en el caso de los venezolanos y los cubanos, que son de los grupos que más crecen en este momento.

 

¿Cómo recibe Uruguay a los migrantes?

Yo creo que el gobierno ha tomado políticas importantes. La ley de 2008 está muy influida por la legislación argentina; se basa en el enfoque que entiende la migración como derecho humano y eso es un avance importante respecto a la legislación anterior, que era bastante discriminatoria con algunos grupos. Entonces, la realidad migratoria cambió bastante con esta ley y ahora hay que trasladar esa actitud aperturista hacia el conjunto de la población. Es muy importante que se empiecen a hacer campañas de apoyo orientadas a la sociedad para que acepten que vamos a ser otra vez un país de migrantes y que los necesitamos. Somos muy pocos y, además, la gente que está llegando integra una población interesante para el desarrollo del país.

Por todo ello, a nivel general, aún con sus luces y sus sombras, considero que los últimos gobiernos han manifestado una actitud mayoritariamente proclive a incorporar a la población extranjera. Hay toda una normativa que ayuda a integrar a la población a la hora de conseguir los documentos que permiten registrarse en el país sin hacer distinciones referidas a la procedencia del migrante. A veces se denuncia una actitud diferente entre algunos funcionarios, en la que opera la tradición excluyente y discriminatoria, pero esto es algo que se ha tratado de corregir bastante. No obstante, hay demoras importantes a nivel burocrático, a veces no hay funcionarios suficientes para llevar a cabo más rápido todo el proceso administrativo. Muchos recién llegados se quejan de un accionar fragmentado del Estado y señalan, asimismo, que existe una carencia de información y una falta de cumplimiento de los plazos en el otorgamiento de la documentación.

 

¿Cómo se gestiona este patrón a nivel de la población?

Es cierto que existe una preferencia entre la gente por los inmigrantes de origen europeo, especialmente italianos y españoles. Sin embargo, los historiadores han relatado que en el pasado siglo los nacionales tampoco aceptaban muy fácilmente a los italianos y a los españoles que llegaban por aquel entonces. Esto es parte del pensamiento excluyente que determina el rechazo al diferente, por eso pienso que es algo que siempre va a estar presente. Por ello, creo que una de las cosas que el gobierno debe hacer es demostrar que la inmigración puede ser muy positiva para la sociedad uruguaya. Tenemos una población muy reducida con tendencia al envejecimiento, por tanto, los inmigrantes pueden aportar mucho en este país.

Ahora, las reacciones xenófobas siempre aparecen. Cuando uno ve esos comentarios terribles en los medios digitales y en las redes sociales, se asusta. De alguna forma, la tendencia discriminatoria uruguaya con los inmigrantes latinoamericanos respecto a los procedentes de países ricos conecta en parte con el imaginario identitario nacional, forjado en los albores de la República, por el que Uruguay se concebía como un país más cercano a Europa que a su propia región geográfica.

Hay una encuesta que se hizo en la Facultad de Ciencias Sociales bajo la dirección de Martin Koolhaas en la que se han identificado actitudes discriminatorias con la población inmigrante en más de 60 por ciento de la población. Esta proporción, además, es similar al porcentaje de aquellos que manifiestan rechazo a sus propios compatriotas retornantes. Muchos uruguayos retornados se quejan bastante de cómo la sociedad los ha recibido a su vuelta. Es alarmante que una parte de la sociedad tenga un resentimiento negativo con la población que se fue y vuelve. Los argumentos parten de concebir al migrante como una suerte de privilegiado por haber abandonado el país durante la época difícil, en comparación con quienes permanecieron aquí.

Este pensamiento se deriva en parte de la creciente competencia por el puesto de trabajo impuesta por el mercado. La misma cosmovisión se materializa también en la polémica existente en torno al voto exterior por la que se defiende la pérdida del derecho a voto de ciudadanos uruguayos en la medida en que estos no estarían pagando impuestos en el país. Al igual que con la inmigración, la sociedad uruguaya tendría que aceptar el retorno porque es muy positivo para el país. Tanto los inmigrantes como los retornantes tienden a presentar un nivel educativo más alto que el del promedio de la población residente. Por tanto, un retorno considerable trae consigo la experiencia adquirida por la gente en el exterior, lo cual constituye un aporte fundamental para el país.

 

¿Cual es su pronóstico en torno a los patrones migratorios en la próxima década?

Yo hace tiempo que estoy diciendo que va a crecer la inmigración. Uruguay es un país que en este momento está en un nivel relativamente bajo de desempleo con respecto a las tendencias recientes. Estamos mejor, y si el país tiene una actitud positiva hacia los inmigrantes, la gente va a querer instalarse. Sin embargo, no creo que vaya a haber un boom enorme de inmigración. Mi pronóstico es que el país va a recibir las dos cosas. Por un lado, inmigración latinoamericana; por otro, retorno, porque toda migración tiene una contrapartida de retorno, y también va a haber emigración porque Uruguay es un país chico y esto hace que a mucha gente le cueste encontrar proyectos que permitan satisfacer sus propósitos y objetivos.

Ese es un tema importante en el caso de Uruguay. Nosotros estamos terminando un trabajo sobre un censo de doctores académicos y a uno le impresiona muchísimo la cantidad de gente que ha terminado doctorado y que hoy están ubicados en países que uno nunca hubiera pensado, y están haciendo proyectos muy importantes y muy interesantes. Viendo estos datos, uno piensa todo lo que se podría hacer si se hubiera podido juntar a toda esa gente con la financiación adecuada. Algunos de ellos aportan bastante al país de distancia, pero también son una parte importante de las redes que posibilitan la captación de alumnos y profesionales. Y eso va a dinamizar bastante la emigración, aunque actualmente no estemos viviendo una crisis terrible como en el pasado.

Por otro lado, con respecto a la emigración, la situación global se está tornando difícil. En este sentido, hay que tener en cuenta que los países a los que los uruguayos van son países marcados por situaciones complejas vinculadas a crisis económicas, como Argentina, Estados Unidos y España. En el caso de Argentina, en los últimos años se paró la emigración uruguaya porque el país está viviendo situaciones muy difíciles.

¿Qué medidas debería llevar adelante Uruguay para afrontar el envejecimiento de la población?

Este es un problema que enfrentan una gran cantidad de países. Todos los países desarrollados están pensando cómo afrontar esta cuestión y, en general, las alternativas son estimular la inmigración y también el crecimiento de la fecundidad, cosa que en general no funciona. Esta es una sociedad muy diferente, donde la vida es mucho más larga, la convivencia de generaciones es mayor. Antes casi nadie conocía al bisabuelo y ahora es bastante común que las personas tengan bisnietos. Y esto cambia mucho las pautas de cohabitación, así como el mercado de trabajo, porque la renovación de las generaciones es más difícil.

Yo creo que la gente va a tratar de adaptar la economía y el mercado de trabajo a un mundo en el que la población no crece. Esto implica medidas como el eventual aumento de la edad de jubilación. En general, los países europeos tienen problemas sociales para incorporar inmigrantes, pero al mismo tiempo hay políticas que los impulsan, sobre todo en algunas profesiones y habilidades.

FuenteÑ Caras y Caretas

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