La uruguaya que diseñó joyas para Bush

Estados Unidos 22 de marzo de 2018
Hace 36 años, con apenas 18 años, la uruguaya Virginia Cedrés Pellegrino empacó sus cosas y se fue a Estados Unidos. Se dedicó al arte y la orfebrería: dos ámbitos que además de darle trabajo y reconocimiento, le pusieron en el camino a quien hoy es su esposo.
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Su talento y técnica le permitieron alcanzar un éxito que ni siquiera ella imaginaba. Hoy, desde Miami, donde vive y trabaja en una empresa familiar, nos cuenta cómo fueron sus inicios, para qué figuras ha diseñado joyas y cuáles son sus desafíos...
Naciste en San José pero hace años vivís en Estados Unidos, ¿cuándo decidiste irte a vivir al exterior?


Vivo en Estados Unidos desde principios de 1981. Emigrar no era mi sueño de niña pero mi temprana adolescencia en tiempos de dictadura hicieron que tomara esa decisión. Recuerdo escuchar una y otra vez a Joan Manuel con su "Pueblo Blanco" como si me estuviera hablando a mí: "Escuchad gente tierna, que esta tierra está enferma y no esperes mañana lo que no te dio ayer, que no hay nada que hacer". Mi hermana ya vivía en New York cuando tomé la decisión así que con apenas 18 años empaqué, volé y no miré para atrás.


¿Cómo nació tu vínculo con el arte y la joyería?
Mamá y papá siempre estuvieron motivados por el arte. En casa, el taller fue mi jardín de infantes con todo tipo de maquinarias, herramientas y materiales. Se trabajaba en muchos medios y nos integraban a nosotros (sus tres hijos). A los 5 años comencé clases de arte en el museo, piano e inglés. Un año antes de emigrar, continué haciendo taller de arte en Montevideo y un poco más intensamente historia del arte, cerámica y algo de orfebrería. Una vez en New York, mi hermana y mi cuñado estaban en la industria de la joyería, engarzando  diamantes y, por medio de ellos, conseguí entrar como aprendiz de joyería con dos maestros joyeros sensacionales que me enseñaron todas las facetas técnicas. Tuve el placer de aprender y trabajar con ellos cinco años. En aquellos tiempos, no era nada común una mujer joyera. Romper el techo de cristal no ha sido fácil. A esta altura de mi carrera, todavía escucho algún disparate que me causa risa. Luego me relocalicé en Miami donde conocí a mi esposo David que recién se recibía y comenzó a trabajar para la fábrica de joyas de su familia. Buscaba una diseñadora y me contrató. Trabajar con tu esposo y mejor amigo es una dicha que no todo el mundo puede hacer.


Has diseñado joyas finas para importantes figuras, entre ellas, para el ex- presidente George Bush (padre) y su esposa, ¿cómo surgió ese contacto y cómo fue hacer ese tan especial trabajo?
El haber ganado 23 premios internacionales en diseño de joyas ayudó. Un cliente de Ohio era parte de la comitiva organizadora de ese certamen y nos propuso. Diseño y presupuesto fueron aceptados así que recibimos una invitación para participar en tres jornadas interesantísimos en Houston. Inesperadamente, el día de la apertura, le pidieron a mi esposo que presentara los gemelos al presidente Bush, quien se quitó los que llevaba para dárselos a mi esposo. A su vez, su señora recibió un prendedor igual así como todos los 500 invitados que participamos. Fue un prendedor conmemorativo en plata y esmalte hecho por nosotros.


¿Cuál ha sido el pedido que más te ha costado hacer?
Han pasado tantos años que te vas olvidando y sólo te acordás del más reciente. En 2016, nos encomendaron un conjunto de collar, brazalete, anillo y caravanas de serpiente en oro de 22 kilates. Se aprobó el diseño y la ejecución nos llevó cuatro meses. El collar consiste en piezas que calzan una dentro de la otra mientras va curvando.  


¿Cuál ha sido el trabajo del que te has sentido más orgullosa?
Un accidente me dañó la mano izquierda. Tuvieron que practicarme serias cirugías y tuve meses de recuperacion sin que me garantizaran recuperar mi destreza. Una vez recuperada, hice una serie de cinco esculturas en plata: “Bare Rhapsody” (Rapsodioa desnuda). El desafío y motivación me liberaron artísticamente. Fue una serie que expresó movimiento y balance con elegancia y exageración.

 
¿Qué es lo más importante que te ha dado tu trabajo?
¡Tantas cosas! Mi vida da vueltas alrededor de mi trabajo. Es difícil llamarlo trabajo. Se puede decir que me dio a mi familia y mi hogar, definió quien soy, lo que de alguna forma comunico. Me dio oportunidades de triunfar, de sobrepasar mis más remotos sueños.  


¿Qué hay todavía hoy de Uruguay en Virginia?
“You can take the girl out of Brooklyn, but you can’t take Brooklyn out on the girl”, dice el dicho. Yo creo lo mismo: podrás sacar la chica de Uruguay pero no podrás sacar a Uruguay de la chica. Dejando la parte comecial, la parte artística refleja mucho de donde vengo. Al último Art Basel fui invitada a exponer mis óleos y esculturas en Casa Casuarina Miami Beach, lo que se conoce como Mansión Versace. Dicha exhibición: “New Stories, Old Places”, (Nuevas hostorias, viejos lugares) tiene sabor a mi tierra.  


Después de tantos años en el exterior, ¿qué cosas se siguen extrañando?
Mi gente, mi familia y amigas. También se extrañan sabores y olores que no los he encontrado en ningún otro lugar del mundo.


¿Qué fue a lo que más y a lo que menos te costó adaptarte de la cultura norteamericana?
No miré atrás. Me adapté, aprendí cosas nuevas, costumbres diferentes y a dominar el lenguaje para poder disfrutar totalmente de una cultura tan rica, maravillosa, diferente, multicultural. Muchas veces extrañé el no tener con quien tomar mate ni que mis amistades entendieran lo que implica eso.


Hoy, ¿cómo es un día en tu vida?
Empiezo con un café y el periódico. Luego manejo tres millas al trabajo: un lugar familiar, tranquilo que parece haberse quedado en el tiempo. Luego tengo meetings con el grupo. Diseño, hago modelos, hablo con clientes y algo de administración. Pero lo más “importante” del día, según mi suegro, es el almuerzo. Nos juntamos todos, almorzamos juntos, nos reímos, compartimos momentos y, generalmente, siempre terminamos hablando de negocios.

¿Cuáles son tus planes, personales y laborales?
Seguir creando. No tenemos planeado “retirarnos” porque nos gusta lo que hacemos. En el ámbito del arte, estoy preparando una serie: “The Story In Their Eyes”. Todos son óleos en camvas, 92cm x 92cm, capturando la mirada de niños o jóvenes en circunstancias difíciles.

Fuente: mujermujer.com.uy

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