Uruguay atrajo pocos inmigrantes.

Uruguay 17 de agosto de 2016 Por
Aun en condiciones “casi óptimas”, Uruguay atrajo pocos inmigrantes.
Zelayeta+Mural

En las últimas décadas del siglo XX parecía que Uruguay se encontraba al margen del proceso de globalización. Los turistas que entraban eran “los mismos argentinos de siempre”, las inversiones foráneas “ignoraban al país, que se llenaba de mercancías chinas mientras no podía exportar productos” más allá de los dos grandes vecinos. Pero entre 2004 y 2014, por diversas razones, varias de estas cosas cambiaron, aunque no así el flujo inmigratorio pese a que hubo condiciones “casi óptimas” para atraer extranjeros, como una economía “pujante”, un país “demográficamente vacío”, la necesidad de mano de obra y una mayor “visibilidad internacional”.

Eso observan cuatro investigadores del Departamento de Sociología de la Universidad de la República en un análisis publicado en la última “Revista del Claeh”, el Centro Latinoamericano de Economía Humana. “Son muy pocos los extranjeros que vienen para radicarse” , agregan, si bien apuntan que en años más recientes arribó un contingente “significativo” de nuevos inmigrantes, entre ellos unos 3.500 dominicanos. También llegaron venezolanos, cubanos e incluso españoles escapando de la crisis en su país. “Aún no sabemos si estos nuevos migrantes se quedarán o no en el Uruguay y si se revertirá la tendencia decreciente desde comienzos del siglo XX respecto al porcentaje de extranjeros que viven en el país, cifra que bajó sistemáticamente de 17% en 1908, a 9% en 1963, a 3% en 1996 y, la más baja de todas, 2% en 2011, según los datos de los censos nacionales para cada año”, acotan.

En 2015 fueron 1.706 los extranjeros que consiguieron la residencia temporal o definitiva, de los cuales 235 eran argentinos, 198 españoles, 186 estadounidenses, 128 brasileños, 118 dominicanos y 111 cubanos , según estadísticas del Ministerio del Interior que obtuvo Búsqueda. Ese total es menos de la mitad de las residencias que se habían dado en 2014 (3.755, el máximo de los años recientes).

En la primera mitad del año en curso se llevan concedidas 1.382, con predominancia de dominicanos (239).

El estudio de los sociólogos de la Universidad de la República, basado en entrevistas y la participación en diversas actividades, se enfoca en los rasgos socioculturales de los indios que se radicaron en Uruguay en la última década.

Según la investigación, el desembarco inicial vino de la mano del conglomerado de empresas de origen indio Tata Consulting Services (TCS), que se estableció en el país en 2002 . Si bien en el censo de 2011 se contabilizaron 47 indios viviendo en Uruguay, de entrevistas con ejecutivos de esa compañía surge que actualmente empleaba a más de 230. Los residentes temporales o permanentes de ese origen serían unos 300, en su mayoría de 22 a 30 años.

TCS está en un proceso de expansión en Uruguay y en América Latina. “Somos bastante anticíclicos: la baja en la economía está ayudando a que los clientes busquen eficiencias y eso abre posibilidades de negocio” en la provisión de servicios tercerizados a empresas, por ejemplo, dijo a Búsqueda un ejecutivo del grupo.

Otras empresas de capitales indios del sector fabril, agroindustrial, alimenticio, consultoría y tecnología abrieron oficinas en Uruguay —como Acelor Mittal, The Smart Cube, OLAM o Godrej. También incorporaron mano de obra especializada de India.

La cuestión demográfica y la atracción de inmigrantes como una alternativa están siendo estudiadas actualmente por grupos generados por el Poder Ejecutivo. Durante su presidencia, José Mujica también puso atención en el tema y procuró alentar la llegada de campesinos de Bolivia, Ecuador o Perú y también de empresarios extranjeros.

De paso.

Para los indios, Uruguay es una residencia de paso y reducida a un contexto laboral y la gran mayoría conocía poco sobre su destino antes de llegar, según la investigación publicada por el Claeh. La gente sabe del país “por el fútbol”, dijo uno de los entrevistados.

Los trabajadores más jóvenes expresaron que uno de los principales motivos para venir era la experiencia que el empleo les daba y que podían centrarse en estudiar los sistemas de la empresa. “Hay un flujo de renovación constante, pero el número de indios residentes se mantiene bastante estable y los que se quedan son un puñado”, agrega. La mayoría suele remesar dinero a sus familias.

De la investigación surge que disfrutan de la “tranquilidad” pero sufren cierto “choque cultural” dado que la sociedad india es muy machista y la comida uruguaya no se adapta “en lo más mínimo” a sus costumbres. En general no aprenden el español en profundidad y una de las actividades recreativas predilectas es pasear por la rambla montevideana. Otra es jugar cricket, lo que dio lugar a la fundación de la Uruguayan Premier League de ese deporte.

En cuanto al trabajo en Uruguay, los indios aseguran que tienen una jornada larga (de 12 horas, incluyendo, además del horario de oficina, el trabajo domiciliario y los traslados). Los entrevistados admitieron que la gran limitación para reducir el horario laboral es la competencia profesional de la cultura de su país: aunque su desempeño en la empresa sea excelente, se encuentran siempre temiendo el despido. Muchos consideran a los uruguayos poco comprometidos con las responsabilidades del trabajo, con los horarios y fechas de entrega. “El ambiente laboral es muy diferente en Uruguay. Aquí no se toma muy en serio el trabajo. No digo que no se lo tomen nada en serio, pero no es como en Europa o Estados Unidos, donde hay una cultura rígida del trabajo”, opinó uno.

¿Por qué Uruguay no logra atraer más indios o retener a los que vienen?, se preguntan los sociólogos Felipe Arocena, Matías Asconeguy, Anjini Mishra y Romina Parodi en el análisis.

Como respuesta señalan, entre otros factores, que estas personas provienen de contextos socioeconómicos medios y tienen una buena profesión con potencial de futuro en la India, en Estados Unidos o en Inglaterra . Su situación económica no es tan precaria como para emigrar definitivamente a un país apartado como Uruguay y donde “son pocas las oportunidades de progresar profesionalmente”. También pesan las significativas diferencias culturales, sostienen.

Fuente: Búsqueda

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