Las múltiples caras de la inmigración

Nota de opinión 17 de mayo de 2018 Por
"Hoy los vemos seguir a la Celeste en los lugares más recónditos del mundo y sabemos que están al tanto de todo lo que sucede en el país, igual o más que nosotros."
jose_carlos_mahia_integrado
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La inmigración es para los uruguayos parte de su propia historia y nos remite a nuestros orígenes.

Españoles, italianos, franceses, entre otros, formaron las principales corrientes migratorias, cuando expulsados por el hambre o la guerra encontraron en nuestro país una tierra donde forjar su esperanza, re hacer su vida.

Las causas de la emigración uruguaya fueron siempre muy similares a la de nuestros ancestros: penurias económicas o persecución política en los años previos y durante la última dictadura militar.

El Uruguay fue así desde la década de los 60 del siglo pasado y por más de 40 años un país que expulsó a su gente, tanto por motivos económicos como por motivos políticos. Hoy según datos del Censo de Población de 2011, la población residente en Uruguay nacida en el exterior constituye un 2,4% de la población total. A su vez, las últimas estimaciones muestran que entre un 15 y un 18% de la población uruguaya se encuentra en el exterior.

Una proporción tan alta de uruguayos en el exterior nos obliga a dar un debate en profundidad sobre el vínculo que como sociedad tenemos con familiares, amigos y vecinos que circunstancialmente la vida los llevó a vivir lejos de su tierra.

Más allá del derecho a votar, que tienen, reclaman y no se les reconoce, debemos saber aprovechar el potencial de la diáspora uruguaya, que es infinitamente mayor al que hoy nos puede estar brindando.

Hoy los vemos seguir a la Celeste en los lugares más recónditos del mundo y sabemos que están al tanto de todo lo que sucede en el país, igual o más que nosotros.

Hoy recibimos su solidaridad ante un desastre climático, para arreglar una escuela o una policlínica en el interior.

Sin embargo, la riqueza que podemos aprovechar – en el mejor sentido del término – de un sin número de compatriotas que se destacan en ámbitos académicos, de la cultura, en el mundo del trabajo, en el deporte es insospechado.

Uruguay en los últimos años revirtió su tendencia histórica, pasó de ser un país de retorno para nuestros compatriotas y de destino para muchos latinoamericanos que eligen a nuestro país como su segunda patria.

La dinámica migratoria actual implica desarrollar normativas que protejan los Derechos Humanos de las personas migrantes. Así lo establece la más reciente legislación aprobada, por ejemplo la Ley N°18250 de migración de 2008 o la Ley N° 19254 de 2014, que posibilita la rápida obtención de la residencia permanente en la Republica a cónyuges, concubinos, padres, hermanos y nietos de uruguayos y a los nacionales de los países del Mercosur y Estados Asociados.

Es muy relevante la decisión del Estado uruguayo de promover un proceso migratorio ordenado, seguro y regular, ya que es sabido que las personas emigran como pueden, no como quieren y muchas veces lo hacen en condiciones de vulnerabilidad.

La situación de muchos de ellos es de falta de protección jurídica, discriminación, explotación, abusos e incluso la existencia de la trata y el tráfico de personas.

Por esta razón, es necesario hacer el mayor esfuerzo para la integración efectiva de los migrantes a la sociedad y asegurar el ejercicio de sus derechos en igualdad de condiciones con los uruguayos.

Son miles ya los venezolanos, dominicanos, cubanos, peruanos, colombianos o ecuatorianos que viven en nuestro país, en muchos casos con una calificada formación profesional, muy por encima de los empleos que por estos lares consiguen.

La inmigración solo trae beneficios para nuestro país: aporta la diversidad cultural, nos enriquece en lo social y en lo económico, aprendemos de otras realidades, nos vuelve más tolerantes.

Miles de compatriotas emigraron durante la crisis de 2002 con una mano adelante y otra atrás, deambularon por las calles de Nueva Jersey, Elizabeth en Estados Unidos, o en las Islas Canarias o Cataluña. Se insertaron como pudieron, siendo ilegales o ¨sudacas¨, con miedo a que los deportaran en cualquier momento.

En Estados Unidos, por estos días se viven días de angustia para muchos uruguayos. La amenaza del Presidente Trump de derogar el “DACA” (programa Acción Diferida para los Llegados en la Infancia) aprobado en la administración Obama es latente y con ello los beneficios que esta otorgaba a los migrantes.

Están por decirlo de alguna manera ¨presos¨ en Estados Unidos. Si los agarran los sacan como chicharra de un ala, si se van, no pueden volver y ya se ha dado que no pueden re encontrarse con sus seres queridos ya que su situación legal es absolutamente frágil, en particular para aquellos que emigraron al comienzo de este milenio.

Por estas y otras razones, nuestro país suscribió al Pacto sobre Emigración, a la Declaración de Nueva York de Naciones Unidas, y a cuanto Tratado Internacional que vele por sus derechos. Por nuestros compatriotas residentes en el exterior, por los que deciden retornar y por los extranjeros que optaron por venir a vivir al Uruguay.

El fenómeno de la emigración está en la agenda a nivel global y también debe estar en la nuestra, uno nunca sabe a dónde va ir parar con sus huesos, ni cuándo.

Hoy vemos en nuestras calles nuevos vecinos, con nuevos acentos, o nuevos idiomas que son hijos de otros padres y añoran su tierra, como quizás la añoraron nuestros abuelos, corridos de la vieja Europa.

Tolerancia, solidaridad y respeto es lo que debemos ofrecer.

*José Carlos Mahía, expresidente de la Cámara de Diputados, vicepresidente del Frente Amplio, docente, representante por Canelones del sector Asamblea Uruguay

Fuente: ECOS

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