La tragedia de los Andes llega al teatro: "Esta obra resume nuestro mensaje: un gran homenaje a la vida misma"

Argentina 26 de mayo de 2018
Carlitos Páez, uno de los 16 supervivientes del accidente aéreo que conmocionó al mundo en 1972, visitó al elenco de Sobrevivir a los Andes. Todos los martes y miércoles (20.30, teatro Regina), el público viaja al corazón de esta apasionante historia. “Fue un drama, pero a mí me dejó muchas enseñanzas positivas”, resumió Páez, y recordó los hechos que lo marcaron para siempre.
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Ya pasaron 45 años, pero la historia –de las más impactantes que se hayan contado sobre el género humano– persiste. Como ellos, los 16 eternos sobrevivientes de la llamada "tragedia de los Andes", que fue material de libros, conferencias, ensayos y, claro, la famosa película ¡Viven! de 1993. Pero nunca había llegado al teatro.
El director Hugo Giachino y el autor Gabriel Guerrero (ambos uruguayos como los protagonistas) pensaron y montaron Sobrevivir a los Andes, primero en Uruguay y, desde estos días, en el porteño teatro Regina (avenida Santa Fe 1235). Los martes y miércoles desde las 20.30 (con producción de Diego Sorondo), el público viaja hacia el corazón de esta trama que, en palabras de Carlitos Páez, "no es más que un gran homenaje a la vida misma".

La pieza, que ya fuera un éxito en Uruguay, toca las fibras más íntimas del espectador.

Páez –hijo del ya fallecido artista Carlos Páez Vilaró– fue uno de los que soportaron los 72 días en la montaña mendocina, bajo las más extremas condiciones; cumpliendo allí sus 19 años, entre la nieve, la muerte y la desolación. Pero con un hilo de esperanza lo suficientemente fuerte para sostenerlo en la angustia.
 
"En un momento acepté que la historia ya no es más mía: les pertenece a todos. Y es un privilegio estar vivo para contarla… Doy conferencias por el mundo entero y nunca me canso; soy un apasionado. Porque más allá de lo dramático, tiene muchísimas cosas positivas", comenta, sentado en una butaca del Regina. "Yo digo que no hay otra historia así. Están los casos del Titanic, de las Torres Gemelas, historias brutales, ¡pero 70 días en la montaña…! Ahí ves la capacidad del ser humano para evolucionar, transformarse y salir adelante".
–Después de casi medio siglo, ¿lo ves como algo lejano o muy reciente?
–Me parece que fue ayer. Me hace mucha gracia cuando la gente dice: "Mirá, éste es uno de los de Viven". Y yo les aclaro: "No, no; Viven se llama así por nosotros, no al revés". A mucha gente, sobre todo a los jóvenes, les cuesta creer que pasó de verdad y que yo estuve ahí.

Carlitos, quien cumplió 19 años en medio de la montaña, visitó el teatro y recordó varios sucesos de aquellos 72 días. “Ustedes hacen un trabajo brillante. Le ponen toda la pasión…”, elogió a los actores y conversó con Hugo Giachino (el director, de traje) y Gabriel Guerrero (autor, el primero desde la izquierda). Lo escucharon fascinados.
Carlitos, quien cumplió 19 años en medio de la montaña, visitó el teatro y recordó varios sucesos de aquellos 72 días. “Ustedes hacen un trabajo brillante. Le ponen toda la pasión…”, elogió a los actores y conversó con Hugo Giachino (el director, de traje) y Gabriel Guerrero (autor, el primero desde la izquierda). Lo escucharon fascinados.

–Una ficción con semejante guión habría sido considerada demasiado fantasiosa.
–Hollywood tuvo que quitarle escenas a la película, porque "no eran creíbles". Si ponés todos los hechos juntos, no te lo creen: el accidente, la noticia de que ya no te buscan más, la avalancha… En febrero fui al lugar con mis hijos y mis nietos. Mi hija me decía: "Papá, no te creo que estuviste acá". Muy abrigados, con ropa especial, ¡igual teníamos un frío…! En el lugar sentí que había mucho dolor.
–Lo percibiste.
–Sí… Mi mecanismo de defensa es el humor. Siempre. Ya había ido dos veces, escudado en ese mecanismo. Pero ahora, como padre y abuelo, no podía hacerme el payaso. Me despojé de eso, quedé al desnudo y fue muy duro. Creo que fue mi última vez ahí… Esta vez me interné en los Andes para agradecer. Gracias a que estoy vivo hubo siete personas más en este mundo: dos hijos y cinco nietos. Por eso insisto con que nuestra historia es un homenaje a la vida. Lo más atractivo era morirse. Nuestro gran laburo fue revertir ese pensamiento.

Los 16 eternos sobrevivientes de la llamada “tragedia de los Andes”, fueron material de libros, conferencias, ensayos y, claro, la famosa película ¡Viven! de 1993. Pero nunca habían llegado al teatro.
Los 16 eternos sobrevivientes de la llamada “tragedia de los Andes”, fueron material de libros, conferencias, ensayos y, claro, la famosa película ¡Viven! de 1993. Pero nunca habían llegado al teatro.

–Hubo momentos en que bajaste los brazos, imagino…
–Claro, pero ahí estaba el grupo, que te ayuda a salir adelante. No era fácil: tenés un accidente, se muere gente, tomás la decisión de alimentarte de tus amigos muertos…
–Ese hecho, el de alimentarse de los fallecidos cuando no había otra opción, ¿te estigmatizó?
–Nunca le di importancia, porque viví el proceso. No es lo mismo el hambre que tenés ahora, de querer comerte un sándwich, al hambre de diez días de no comer nada. Querés pelear por la vida.
–¿Qué imagen es la que más recordás?
–La llegada de los helicópteros. Para mí fue un momento… Felicidad pura.

“¿Si me subiría de nuevo al avión? Si no muriera nadie, sí. Porque a mí me cambió la vida. Y a mucha gente que estaba al borde del suicidio, también”

–¿Cómo entretenías tu cabeza para no enloquecer?
–Aunque te parezca mentira, de lo único que hablábamos era de comida. Cada uno relataba el plato que más le gustaba. Y recordábamos: "En tal lado hacen unos capelettis así…" Confeccionamos una lista de 120 restaurantes con sus platos especializados… Qué sé yo… A la noche miraba la Luna y pensaba que mi madre también la estaba mirando. Me agarraba de eso.
–Cuando volviste, contaste que tuviste que luchar contra la droga y el alcohol. ¿Fue culpa del accidente?
–No, no. Lo de los Andes me dio un "pasaporte" para hacer lo que quisiera, ¿entendés? Nadie me iba a criticar. Pero yo habría sido adicto de cualquier manera, por ser un malcriado o porque… no sé. Soy adicto, por eso no consumo.
–Por ahí la tragedia te dejó una enseñanza que te ayudó.
–Sí, la importancia de la vida. No puedo haber peleado tanto por vivir para meterme en un proyecto de muerte.

Páez –hijo del ya fallecido artista Carlos Páez Vilaró– fue uno de los que soportaron los 72 días en la montaña mendocina, bajo las más extremas condiciones.

–¿Qué disfrutás ahora, a los 64?
–A mis nietos, por ejemplo. Y me empecé a obsesionar con el tema de la trascendencia. ¿Viste que hay gente que pasa por este mundo y chau, desaparece…? Yo quiero dejar algo, y que mi recuerdo viva.
–Si volvieras el tiempo atrás…
–¿Si me subiría de nuevo al avión? Si no muriera nadie, sí. Porque a mí me cambió la vida. A mí y a mucha gente que me escribe y me cuenta que estaba al borde del suicidio. A mí me sirvió. Yo era un chico que no servía para nada. Un pibe de niñera y desayuno en la cama… Y entonces, con 30 bajo cero, sin recursos y con 29 muertos alrededor, me pasa eso y salgo adelante. Mi gran aporte al grupo en esos días trágicos… fue el humor. Más allá del bolso de dormir que fabriqué, que puede ser el mayor orgullo de mi vida. El único que se sacó una foto sin camisa fui yo. ¡Porque quería llegar quemado a Punta del Este! Sí, ya sé… puede ser tomado como un ejemplo de frivolidad. Pero también como un gran acto de esperanza.


Por Eduardo Bejuk.
Fotos: Maximiliano Vernazza y Archivo Atlántida.

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